MÁS SOBRE LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN

El caso de la Línea de Estudios en Ciencias Administrativas de la UNESR, Caracas

 

 

DR. José Padrón Guillén

En LA PRÁCTICA GERENCIAL EN VENEZUELA. Caracas, Encuentro UCV-FACES / USR-POSTGRADO. 02/07/09

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Se ha trabajado bastante la noción implícita en la expresión “Líneas de Investigación”, pero no se ha llegado a un acuerdo de fondo y específico. Un acuerdo muy general y superficial parece estar en que se trata de una cierta interacción entre investigadores sobre la base de la atención a una misma área disciplinaria o problemática, pero la naturaleza, estructura y función de esa interacción se concibe de modo muy diferente según los autores que han estudiado el tema, según las declaraciones y prácticas institucionales, según las culturas de investigación y aun según los distintos enfoques epistemológicos y estilos de pensamiento de las personas que fundan o gestionan líneas de investigación o programas de Postgrado.

La intención de este trabajo es analizar las distintas concepciones acerca del tipo de interacción mencionado arriba, es decir, acerca del sentido de fondo y específico de la expresión “línea de investigación”, examinando los alcances y limitaciones de cada una de esas concepciones. Al final, se intenta mostrar cómo en las Maestrías en Ciencias Administrativas de la Universidad Simón Rodríguez, núcleo Caracas, se ha estado manejando e implementado una de ellas con algunos resultados que pronto permitirán evaluar ese fundamento conceptual y plantear algunos reajustes que mejoren la respectiva práctica.

La mayor parte de las ideas que expongo aquí han sido desarrolladas en trabajos anteriores, por lo cual sólo haré de ellas un breve bosquejo[1]. Comenzaré con algunas referencias  globales para luego pasar al tema central y, al final, establecer algunas conclusiones.

1. CONTEXTO DE LA EXPRESIÓN “LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN”

No está claro el origen de la expresión. Haciendo una búsqueda por la Web la expresión aparece mucho más asociada a los países de habla hispana, en especial latinoamericanos, que a otros países. Por ejemplo, si se busca “Lines of Research” lo que se encuentra corresponde a universidades de habla hispana cuyas páginas Web tienen versiones en inglés. Muy pocas corresponden a países sajones. Lo mismo ocurre si se busca “linee di ricerca”, “lignes de recherche” y "Linien der Forschung".

A pesar de que se difundió la expresión, nunca se elaboró una definición institucional precisa y específica. Siempre se asumió que se trataba de ejes temáticos dirigidos por algún académico experto en el área o “eje”, junto a la necesidad, en unos casos, o posibilidad, en otros, de que los trabajos desarrollados en el seno del respectivo curso de Postgrado (especialmente los Trabajos de Grado y las Tesis Doctorales) estuvieran adscritos a alguno de esos ejes. En ese sentido, los postgrados de casi todas las universidades del mundo se organizan también alrededor de esos ejes temáticos, de modo que cuando se buscan los “proyectos” de investigación de cualquier universidad (o “áreas”,  “temas”, “prioridades”, etc.), encontramos que todo se reduce a una simple catalogación bibliográfica o biblioteconómica, si se quiere (no sé nada acerca de estos términos, de modo que ofrezco disculpas). Hasta allí llega el acuerdo, de modo que cuando en Venezuela nace esa expresión (hasta donde yo puedo recordar, sin pedirle a nadie que me crea, la expresión nace originalmente en algunos círculos de académicos de la UNESR y de la UPEL a comienzos de la década de los '90), ello ocurre porque se pretende imitar el modelo de funcionamiento de los postgrados de los países desarrollados (como ha ocurrido generalmente en todo lo que se refiere a modelos universitarios).

Pero el problema está en cómo es o ha de ser la relación de interacción entre los miembros al interior de una línea de investigación y cómo es su estructura funcional y organizacional. Es esto lo que no se ha definido con precisión y ha sido dejado a la libre interpretación y juicio de cada institución de postgrado. Al respecto hay dos cosas importantes que decir.

La primera es que en el terreno de los estudios sobre la Ciencia (fundados de modo sistemático por los integrantes del célebre Círculo de Viena en los años ‘20) se había venido planteando el problema de cómo progresa la ciencia, es decir, de cuáles son los mecanismos que, a través del tiempo, resultan responsables del crecimiento del conocimiento científico. Es harto conocida la respuesta de Kuhn a este problema: la ciencia va progresando de modo análogo a como se suceden unos a otros los gobernantes en el ejercicio del poder. Para este autor, se trata de que, en el corte de un momento de tiempo, un cierto sistema conceptual-operativo de producción científica controla el desarrollo de la ciencia en la sociedad hasta que, a cierto punto, se desgasta en el ejercicio de ese control siendo entonces sustituido por otro sistema o “paradigma” o “matriz disciplinar”, como decía el propio Kuhn, para luego, a su vez, desgastarse y ser sustituido por otro…, y así sucesivamente. Una de las diferencias con respecto a los regímenes políticos electorales es que el cambio o la sustitución de un paradigma por otro se produce mediante una “revolución científica”[2], de modo que la fórmula kuhniana que explica el progreso científico es, aproximadamente, la siguiente: 

(Ciencia1® Revoluc1) ® (Ciencia2® Revoluc2)®…, (Ciencian® Revolucn)

Por otra parte, Lakatos y Laudan dieron otra explicación: la ciencia progresa de modo análogo a las estirpes o familias generacionales que se transmiten herencias: familias o grupos de investigadores se interesan en determinados problemas y producen determinados adelantos en su solución, pero al mismo tiempo, producen nuevos problemas, todo lo cual pasa por sucesión a otro grupo o familia descendiente. Esta larga cadena de transmisiones o sucesiones es la responsable de que las soluciones sean cada vez más refinadas y los problemas sean cada vez más desafiantes. A diferencia de la analogía de las herencias familiares, no es necesario que una familia muera para que surja la otra y, aunque sí se trata de una relación temporal, no tiene límites discretos. Esta propuesta se ve reflejada en una frase que, palabras más, palabras menos, ha sido repetida desde Bernardo de Chartres (siglo XII), pasando por Newton (siglo XVII) hasta Eisntein (siglo XX) y Stephen Hawking (siglo XXI): “mis éxitos científicos se deben a que me monté sobre hombros de gigantes y así pude ver más lejos”.

Lakatos llamó a estas familias “Programas de Investigación” y Laudan, más reciente, “Tradiciones de Investigación”. Hay una leve pero importante diferencia de sentido si nos ponemos a analizar ambas expresiones: la segunda implica más ese sentido familiar, mientras que la primera implica un sentido de ordenamiento intencional y de planes a corto, mediano y largo plazos. Luego volveré sobre esta diferencia, porque parece clave para una definición profunda y específica de líneas de investigación.

Lo importante de esas tres propuestas es que el desarrollo de las producciones científicas se concibe en términos de una relación de interacción entre investigadores, la cual hace que unos interdependan con respecto a otros, que el trabajo de unos dependa del trabajo de otros. Pero es en la propuesta de Lakatos y Laudan donde más fuertemente se plantea esa interdependencia, ya que se enfatiza el sentido de complementariedad entre los trabajos individuales, lo cual equivale a una interacción colaborativa, cooperativa.

Es esta concepción la que fundamenta la idea de líneas, ejes, áreas, proyectos o cualquier otro término por el estilo en las universidades que lideran la producción mundial de conocimiento científico. Son pocas, como es de suponer, pero son las que controlan la investigación científico-tecnológica en el mundo. Podría demostrarse fácilmente cómo la noción profunda y específica de “líneas de investigación” (o cualquier otra expresión del género), en el contexto internacional, se refiere a un tipo de mecanismo organizacional programático en que interdependen los esfuerzos individuales en términos colaborativos y en función de metas a corto, mediano y largo plazos. Son sólo las universidades subordinadas y dependientes, en particular nuestras universidades latinoamericanas, las que conciben las líneas de investigación en términos de simple coincidencia en ejes temáticos. Podríamos considerar muchos ejemplos de esto: un caso emblemático es el Programa de Investigación sobre el Genoma Humano.

2. ENFOQUES ACTUALES DE LA EXPRESIÓN “LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN” EN LAS UNIVERSIDADES VENEZOLANAS

No pretendo ser exhaustivo en el conjunto de los enfoques para revisar, sino que me limitaré a los más difundidos. Hay varias dificultades a la hora de saber cuál es el conjunto completo de esos enfoques y aun para saber cuáles son los más difundidos. La limitación más importante es que, al menos hasta donde yo sé, no se han realizado estudios empíricos acerca cómo se conciben a sí mismas las líneas que se hayan inscritas en los postgrados, de modo que lo expuesto en esta sección deberá entenderse a la luz de esas dificultades. Me referiré a tres enfoques principales.

2.1. Línea como eje temático

Como se dijo arriba, el sentido aquí es el de una categoría de trabajo que agrupa las investigaciones de modo parecido a como se organizan los libros de una biblioteca, por ejemplo, o las mercancías de un supermercado. Se supone aquí que lo que fundamenta a una Línea es el tema que cobija los trabajos individuales, pero sin considerar las relaciones entre éstos. No importa si el trabajo x debería ser anterior o posterior al trabajo w ni tampoco si el trabajo k está incluido o incluye al trabajo z ni tampoco si alguna parte de lo que se busca en el trabajo m ya está resuelto en el trabajo n. Lo que importa es que los trabajos de investigación se diferencian al modo de conjuntos temáticos y, en los casos más elaborados, en subconjuntos sucesivamente más específicos de tales conjuntos mayores. Es como cuando en el correo de Gmail o en los contactos de los celulares usamos etiquetas para agrupar, por ejemplo, los correos profesionales, por un lado, y los correos familiares por otro, o los contactos deseados y los indeseados, en categorías diferentes. Es evidente que si, por ejemplo, en mi celular yo pongo a Juan al lado de Carlos en el grupo de los contactos deseados y si pongo a  Javier y a Henry en el grupo de los contactos indeseados, lo único que yo sé es todos ellos pertenecen a diferentes categorías, pero nunca expresaré la relación interactiva que hay entre quienes pertenecen a una misma etiqueta o categoría. Podríamos, en resumen, decir que este enfoque del concepto de Línea de Investigación es un concepto bibliotecario o de "data-banking". Técnicamente hablando, siempre en el sentido de la lógica-matemática, se trata de un simple concepto conjuntista, dotado, cuando mucho, de relaciones de orden interno, pero sin relaciones entre conjuntos, o sea, sin relaciones de orden externo. Obviamente, ese tipo de relaciones jamás conduce ni siquiera a una estructura empírica que puede servir de base a una estructura "funcional" matemática (o sea, a una una explicación).

2.2. Línea como espacio de intercambio y reflexión

Aquí el sentido es el de interacciones académicas libres, de base social y psicológica, entre los investigadores. Nótese que por debajo, en la práctica, está implícito el mismo sentido de la Línea como eje temático (arriba, 2.1), ya que ¿sobre cuál base se establecen esos intercambios y esa reflexión? No pueden hacerse, académicamente hablando, intercambios ni reflexiones independientemente de conexiones temáticas. No pueden hacerse, intercambios ni reflexiones, por ejemplo, entre un ingeniero y un psicoanalista, a menos que sea estrictamente como personas, sin considerar los temas académicos, como si coincidieran en una fiesta de cumpleaños o en una boda, por decir algo. En ese sentido, esta segunda concepción es un adelanto con respecto a la primera, ya que, además de que los investigadores coinciden en un mismo eje temático, hablan y comparten acerca de lo que hacen, aunque, evidentemente, esto no garantiza la complementariedad de los trabajos ni conduce a ofertas programáticas. Las investigaciones siguen siendo individuales y, en algunos casos, las reuniones de línea están más cargadas de relaciones interpersonales (celebraciones, brindis, comidas, cafecitos, fiestecitas en el club, etc.) que de intercambio académico propiamente tal. La única ventaja con respecto al enfoque anterior (2.1) es que, volviendo al ejemplo de Gmail y los celulares, los miembros de los contactos profesionales, por su parte, interactúan entre sí, pero sobre la base de cualquier cosa, no sobre la base de necesidades de interacción previamente definidas, mientras que los miembros de los contactos familiares, por otra parte, hacen lo mismo, etc.

2.3. Línea como agenda colectiva de producción

En este tercer sentido la línea se concibe como una organización de investigadores en torno a una red problemática previamente diseñada, asociada a una determinada red de necesidades, y en función de compromisos de producción de soluciones a corto, mediano y largo plazos. Los trabajos individuales se hallan estrechamente conectados entre sí en virtud de su complementariedad. La imagen es la de un equipo de fútbol, por ejemplo, o la de los constructores de un edificio, etc., donde el vínculo entre los esfuerzos individuales es tan importante como cada uno de dichos esfuerzos. La historia de la ciencia está llena de ejemplos. Uno de los más célebres, en el primer cuarto del siglo pasado, es el de la Academia de Berlín en la época de Max Plank, con los programas de investigación diseñados ante las necesidades de la primera guerra mundial[3].

Ahora bien, ¿cuál de esos tres enfoques resulta más productivo o más ventajoso? Necesitamos un criterio, una referencia, para poder responder esa pregunta. Si consideramos que el objetivo del conocimiento científico y tecnológico es el incremento de la calidad de las acciones humanas, es decir, si pensamos que la ciencia ha de estar en función de las necesidades sociales, entonces debemos inferir que el enfoque más ventajoso es aquel que lleve a una mayor eficiencia de la producción científica en relación con sus objetivos, con su propia función. ¿Y cuál trabajo, en general, resulta más eficiente, el trabajo organizado, distribuido y programado o el trabajo disperso, individualizado y espontáneo?

El concepto de “organización” nos enseña que el trabajo colectivo organizado es mucho más eficiente. Abundan los dichos populares: “una sola piedra no hace montaña”, “dos cabezas piensan mejor que una”, “en la unión está la fuerza”, “una mano lava a la otra”, etc. Si concebimos la producción de investigaciones como una empresa al servicio del progreso social, es obvio que debe estar organizada y toda organización parte de los vínculos entre los esfuerzos individuales, más que del esfuerzo individual en sí mismo. Hay un ejemplo bíblico que resulta interesante: según el capítulo 11 del Génesis,  un pueblo decidió una vez construir una torre tan alta que llegara hasta el cielo, la Torre de Babel. Yahvé, considerando esto un ofensivo desafío a su poder, decidió castigar a los constructores de la torre. ¿Cómo los castigó? Privándolos de un lenguaje común: cada quien hablaba en su propia jerga, nadie se entendía con nadie y no podían llegar a ningún acuerdo entre sí. ¿Y qué significa esto? Que Dios los “desorganizó”, rompió los vínculos existentes entre los esfuerzos individuales. Como resultado, la empresa resultó un total fracaso.

Por supuesto, podemos entender la investigación científica como algo distinto a una empresa al servicio del progreso social y suponer que se trata más bien de un acto de inspiración, de un efecto de iluminación mística o, en fin, de algo más parecido al insight artístico que a la construcción de soluciones a problemas o de ofertas a las necesidades sociales. Es como si consideráramos la empresa petrolera, por ejemplo, como un hecho exclusivamente artístico o como un milagro o como la aparición de la Guadalupe, donde lo que vale es la inspiración de cada trabajador petrolero y la capacidad iluminada de cada uno de ellos. Por supuesto, si esa es nuestra concepción de la investigación científica, entonces no es el tercero de los enfoques arriba mencionados (2.3, arriba) el más eficiente. Incluso, ya no tendría sentido hablar de eficiencia, sino de belleza, emoción, sensibilidad, deidades, espíritus y cosas por el estilo.

Si aplicamos el ejemplo bíblico a los tres distintos enfoques de la noción de Línea de Investigación antes reseñados, tenemos que concluir que el enfoque más productivo es el descrito en 2.3 y que el menos productivo es el descrito en 2.1. Si, en cambio, aplicamos una referencia espiritual y mística al concepto de investigación científica, entonces ni siquiera tiene sentido la pregunta acerca de qué es una línea de investigación. Podemos, incluso, suponer que una Línea de Investigación es una religión, una raza, el octavo arte o cualquier cosa que se quiera.

3. EL CASO DE LECIAD, EN LA UNESR

Paso ahora a exponer cómo en la UNESR, en la Maestría en Ciencias Administrativas, llegamos al diseño de una Línea de Investigación apegada al tercer enfoque (reseñado en 2.3), sin contar antes, lamentablemente, con una concepción investigativa de los postgrados, sino con una concepción curricular de los mismos. Ampliemos esta idea.

Como se sabe, todavía en nuestros países subdesarrollados predomina una visión profesionalizante de nuestras universidades en general, sin pensar en las potencialidades de una visión investigativa. Esta visión profesionalizante considera que la función de los postgrados (y, en general, de las universidades) es proveer de mano de obra especializada barata a las empresas. O sea, no se trata de producir conocimientos y tecnologías adecuadas a nuestras propias necesidades de desarrollo (como fue el caso de la Universidad de Berlín, antes mencionado, ni como es el caso de los países desarrollados) sino de reproducir perfiles profesionales adecuados a las necesidades de empleo.

Y ¿de dónde vienen los contenidos que llenan las habilidades de estos perfiles profesionales? ¿De dónde vienen los conocimientos y destrezas que se transmiten a los futuros profesionales que fungirán como mano de obra especializada barata para las empresas? Pues, esos contenidos vienen de las investigaciones que se desarrollan en términos programáticos y organizacionales en los grandes países industrializados. Jamás se menciona que esos contenidos son productos investigativos, eso no se discute y ni siquiera se plantea ni se pregunta; sólo se usan, de un modo totalmente irracional. Y aquí intervienen las célebres “editoriales universitarias”, uno de los más grandes negocios del mundo: se trata de empresas que empaquetan o encapsulan los conocimientos generados por los investigadores de los grandes centros industrializados (generalmente los obtienen gratis, de las publicaciones académicas) y los venden a los pobres países subdesarrollados en forma de manuales, textos y libros. Ejemplos: la Mc Graw Hill, la serie Schaum, Eudeba, Planeta, Gedisa, etc.

Y ¿qué hacen nuestros profesores universitarios de estos países subdesarrollados? Simplemente reciben esos conocimientos encapsulados, se los aprenden de memoria y luego lo retransmiten en sus aulas de clase. Es así como de nuestros postgrados egresa toda esa mano de obra especializada barata, dotada de conocimientos y destrezas generados en los grandes países, pero totalmente desvinculada de las necesidades de desarrollo de nuestros propios países. En otras palabras: nuestros postgrados forman, por decir algo, administradores norteamericanos y europeos, ingenieros norteamericanos y europeos, médicos norteamericanos y europeos…, siempre bajo el perfil de egreso diseñado frente a los conocimientos y tecnologías producidos por las verdaderas “Líneas de Investigación” de los grandes países, pero jamás frente a las posibilidades de nuestras propias investigaciones.

Es así como la noción de “Docencia-Investigación” resulta todo un contrasentido y un absurdo: nuestros docentes no son investigadores, son sólo repetidores. Y nuestros egresados no son portadores de conocimientos y destrezas propias, sino imitadores de los profesionales de otros países. En ese detalle radica el concepto de subdesarrollo y dependencia socio-económica. Es por eso por lo que nuestras universidades y nuestros postgrados representan el más triste papel que podamos imaginar. No somos academia ni somos académicos, sólo somos entrenadores, instructores y repetidores.

Es bajo esa circunstancia en que se producen los diseños curriculares de nuestros postgrados. Y fue esa la circunstancia en la que se produjo el diseño curricular de las Maestrías en Ciencias Administrativas de la UNESR.

Esto podrá ser todo lo doloroso e incómodo que pueda parecer. Podrá ser algo inconfesable, pero es la verdad. Las maestrías en Ciencias Administrativas de la UNESR fueron diseñadas bajo esa concepción servil. Es por eso por lo que hasta sus nombres se limitan a reproducir modas y eslóganes: “Gerencia Estratégica” y “Talento Humano”. Pero cualquiera puede demostrar que se trata de expresiones sin contenidos de fondo, que se trata de repeticiones de mensajes y contenidos encapsulados por las grandes editoriales universitarias. Se trata, en fin, de producir mano de obra especializada barata para el sector empresarial. No se trata de investigar. No son, absolutamente, postgrados investigativos, sino postgrados profesionalizantes, aquellos que crean copias de los profesionales de los países industrializados.

No es un consuelo, pero sí es una necesidad constatar que ese es también el caso de todas las universidades de este país. También la UCV, la UCAB, LUZ y cualquiera de las grandes universidades del país han seguido ese mismo esquema. No se trata sólo de la UNESR. Se trata del papel de sumisión y de subdesarrollo de nuestras universidades y de nuestros postgrados.

Bajo esta triste circunstancia, en las maestrías en Ciencias Administrativas de la UNESR se intentó un cambio que comenzó no por el diseño curricular, sino por el mismo concepto de Investigación y de Línea de Investigación. Es decir, dado un cierto diseño curricular concebido bajo una visión profesionalizante y anti-investigativa, según la cual la investigación es apenas una parte de las competencias del perfil de egreso, pero no una actividad intrínseca del postgrado, la creación de LECIAD intentó cambiar las cosas desde abajo, con la intención de incidir en un nuevo diseño más racional. Esa ha sido, en realidad, la auténtica función de la creación de esta línea de investigación. La idea fue la de mostrar cómo los esfuerzos individuales pueden ser vinculados, cómo esta vinculación puede generar conocimientos científico-tecnológicos propios y cómo esta generación de tales conocimientos puede fundamentar el diseño curricular de los próximos postgrados. Por supuesto, se trata de una primera experiencia que corre los riesgos de toda nueva experiencia, especialmente los de no lograr resultados propios ni específicos sino sólo de servir como guía para próximas experiencias, lo cual es ya en sí mismo un gran avance.

Al comienzo del primer semestre se luchó contra la primera dificultad: la idea de que toda investigación se basa en la célebre “Metodología de la Investigación”, al modo tristemente célebre de Pasquali, Tamayo, Sampieri y toda esa gente que tanto daño ha hecho a nuestros pobres estudiantes que ahora son estigmatizados bajo la torpe etiqueta del “Síndrome TMT” (“todo menos tesis”, pero no sabemos si ese síndrome lo padecen nuestros estudiantes o si lo padecen más bien los profesores que creen en el término y las instituciones que lo generan). Se trató de imponer la idea de que el aprendizaje de la investigación no se basa en los manuales de metodología de la investigación sino en una TEORÍA DE LA CIENCIA, es decir, en la Epistemología. A pesar de la dictadura de un diseño curricular cuya primera unidad era impuesta en los términos de esa llamada “metodología de la investigación”, se intentó mostrarles a los estudiantes que lo importante era una teoría de la investigación, de la cual se derivaba una tecnología de la investigación. Se intentó en esa instancia que nuestros estudiantes olvidaran todo lo que en el pregrado habían aprendido de esos profesores de metodología que jamás investigan y de esos manuales tipo Sabino, Sampieri, Tamayo, Pasquali, etc.

Comenzamos entonces por averiguar qué intereses tenían esos estudiantes en materia de Ciencias Administrativas, qué hacían en su trabajo cotidiano y qué les parecía importante averiguar y esclarecer en el área. Luego les pedimos que nos propusieran algún objetivo de Trabajo de Grado que les pareciera importante o en el que cada quien estuviera interesado. Obtuvimos, por supuesto, una lista de temas, todos aparentemente desligados entre sí.

De allí en adelante todo nuestro trabajo se orientó a descubrir vinculaciones. Pudimos detectar, primero, grupos de temas interconectados, luego afiliaciones de trabajo que incluso trascendían los límites impuestos por los nombres de las Maestrías (hasta el punto de que algún estudiante de Gestión del talento Humano, por ejemplo, estaba vinculado con algún otro estudiante de Gerencia Estratégica). Finalmente, encontramos que todos ellos estaban vinculados entre sí bajo alguna macro-intención que podía ser utilizada por la Coordinación de las Maestrías en Ciencias Administrativas para efectos de producción autónoma de conocimiento científico-tecnológico en el área.

Nació entonces la Línea de Estudios en Ciencias Administrativas (LECIAD), dividida en cinco sub-programas que ofrecen sus primeras soluciones para el 2012. Todo ello puede verse en http://www.lineadunesr.info/.

En fin, descubrimos los vínculos entre los esfuerzos individuales de nuestros estudiantes. Probablemente ellos no saben o no están conscientes de esos vínculos, tal como le ocurrió a Einstein en la Academia Prusiana de Ciencias, porque necesitamos superar ciertas etapas y necesitamos más tiempo y más ejercicio, pero sí logramos saber que la investigación en Ciencias Administrativas, como en cualquier otra área, requiere ser gerenciada, organizada y programada en atención a nuestras propias necesidades sociales.

Pero, sobre todo, aprendimos que estamos obligados a repensar esos diseños curriculares. Aprendimos que primero tenemos que decidir acerca de nuestras propias necesidades de conocimientos y tecnologías para luego diseñar nuestros postgrados en atención a la solución de esas necesidades y no en atención a proveer de mano de obra barata a nuestras empresas.

Y, para ello, es indispensable que pensemos primero en Líneas de Investigación para, después de eso y de acuerdo a eso, pensar en el diseño de postgrados que resuelvan las agendas planteadas en esas líneas. No puede ser al revés, como hasta ahora siempre ha ocurrido.

Hemos estado equivocados durante mucho tiempo con las nociones de “Postgrado” y “Líneas de Investigación”. Pero podemos rectificar y podemos lograr todavía grandes resultados. Hagámoslo.

Referencias

Padrón, J. (2002): “El Problema de Organizar las Investigación Universitaria”. En Diálogos Universitarios de Postgrado, Universidad Peruana Cayetano Heredia. Volumen 11: Investigación en Postgrado; Elementos para el Análisis y Propuestas. Noviembre - Diciembre. Pp. 9-33. Disponible: http://www.josepadron.info/Organizar_IU.htm

Padrón, J. (2004): “Los Siete Pecados Capitales de la Investigación Universitaria”, en Informe de Investigaciones Educativas, Vol. XVIII. Año 2004, pp. 69-80. Disponible: http://padron.entretemas.com/7PecCapInvUniv/index.htm

 

 

[1] Las ideas centrales están en los documentos  fundacionales de LINEA-i (Línea en Enseñanza / Aprendizaje de la Investigación, disponibles en http://www.lineai.org), la cual se fundó desde hace más de 20 años, precisamente sobre la base de la concepción que se desarrolla en este documento. Entre los demás trabajos, pueden verse dos que me parecen centrales: Padrón (2002) y Padrón (2004).

[2] Kuhn no llegó a darse cuenta de (o no quiso decirlo) que las revoluciones científicas dependían a su vez de revoluciones culturales (incluyendo las políticas) de mayor cobertura, debido a que la Ciencia es apenas una parte de la Cultura humana y, si ocurre una revolución o cambio drástico y repentino en el gran conjunto de la cultura, todos los elementos internos sufrirán las consecuencias.

[3] Por cierto, el propio Einstein termina su teoría de la relatividad allí en la misma Universidad de Berlín, siendo miembro de dicha academia y, aunque él se mantenía al margen de los programas militaristas de investigación, los diseñadores de dichos programas sí lo utilizaban como investigador, sólo porque la relatividad prometía desprestigiar a Newton, que era inglés y, por tanto, enemigo de Prusia. O sea, la relatividad formaba parte de una “Línea” orientada a necesidades político-militares, aun a espaldas de su propio autor.