LA CONCEPCIÓN BUROCRÁTICA Y ESCOLARIZADA DE LA INVESTIGACIÓN Y EL DLAE DE LA UPEL

26/01/2018

Publicado en google+ el 23/01/2018
Nunca olvidaré cuando, hace muchos años, viajando por una carretera, en una alcabala de tránsito me detuvieron, me ordenaron orillarme y, después de revisar todos mis papeles, incluyendo la factura de una mica recién comprada, me dijeron que las luces altas iluminaban demasiado (siendo pleno mediodía).
Por más que les dije que esas eran las luces de fábrica y que no había ninguna modificación en las condiciones originales del vehículo, hicieron caso omiso de todos mis argumentos.
Fue entonces cuando les exigí respeto, les argumenté con la misma aspereza con la que ellos me increpaban y los califiqué del modo que merecían, totalmente en correspondencia con su actitud grosera, autoritaria e incivilizada. Bueno, el resultado fue que llamaron a la grúa de servicio, me secuestraron el carro por varios días hasta que pagué la multa y, obviamente, no pude llegar a mi destino en el lapso previsto. Pero eso sí: todavía me enorgullezco de eso.

Hace unas dos semanas me ocurrió exactamente lo mismo con el dizque “examen candidatural” de Marta De Sousa, quien hasta entonces había sido mi tutorizada en esa estructura burocrática, autoritaria y de mentes pequeñas llamada “Doctorado del DLAE”, estructura que es dictatorialmente dominada por los caprichos de dos profesores. Inventan esa alcabala burocrática compuesta por un jurado sin calificaciones para evaluar investigaciones científicas (excepto libritos de auto-ayuda, cuando mucho) en que se excluye al tutor, se imponen como inapelables sus decisiones secretas tomadas a la sombra del anonimato y se reproduce exacta y fielmente la falta de estado de derecho existente en el país. Si en el país se atropella la constitución, pues en el DLAE se atropella la ética académica. Es una auténtica reproducción.
Son ellos, los miembros de ese jurado anónimo y medieval, quienes comienzan con comentarios insultantes respecto al proyecto presentado por Marta, tal como aquellos fiscales de tránsito de aquella alcabala que les acabo de mencionar. Esos comentarios insultantes están documentados en la primera correspondencia que le envían a Marta. Dicen, por ejemplo, que el proyecto no tiene nivel doctoral, que no llega ni siquiera a la altura de un trabajo de maestría y que ni la metodología ni los objetivos ni el sustrato teórico están correctamente planteados. En fin, todo está malo y hay que rehacerlo desde cero. Todo eso a modo de afirmaciones gratuitas, sin ningún razonamiento de apoyo, sin esgrimir ni una sola evidencia ni un solo argumento. Es exactamente lo mismo que me aducían aquellos fiscales de tránsito empeñados irracionalmente en que las luces, estando apagadas, iluminaban demasiado alto. No veo la más mínima diferencia entre aquellos fiscales y estos curiosos personajes del DLAE.
No fuimos Marta ni yo quienes comenzamos con los comentarios irrespetuosos. Fueron ellos. Fue en esa emboscada anónima de esos Torquemadas donde se fraguaron los primeros irrespetos hacia Marta y hacia mi persona.
Pero ahora aducen que nuestras respuestas a esos insultos fueron groseras. Es decir, se comportan del mismo modo que aquellos fiscales de tránsito y que los actuales guardias nacionales cuando te detienen en un examen candidatural, perdón, en una alcabala. Ni se te ocurra replicarles y menos con argumentos contundentes, porque te tildan de grosero, altanero y te acusan de “irrespeto a la autoridad”. Es justamente lo mismo que hace unas dos semanas acaba de ocurrir con Marta: habiendo sido agredida, ahora resulta que somos ella y yo los agresores, sólo por responder con argumentos que hasta la fecha no han podido refutar. Se limitan sólo a condenar. Tratan de castigarme a mí atropellando a quien fue mi tutorizada e intentando hacerle tiritas su vida académica. Esto no puede ser más bajo ni más mezquino e indigno de alguien que pretenda ser considerado “académico”.
Yo, personalmente, por supuesto que me quejé del modo más enérgico que pude, no sólo por escrito, sino oralmente, después de la presentación y ante los cuatro representantes de esa Sagrada Inquisición del siglo XXI (el Socialismo del siglo XXI se quedó chiquito). En esa discusión con ellos no obtuve ni el más mínimo contra-argumento a lo que les decía. Y, tal como lo prometí, seguiré escribiendo contra ese atropello durante mucho tiempo, hasta que todo resulte esclarecido o hasta que tengan la valentía de aceptar un debate académico público en torno a las condiciones de evaluación de una investigación científica. Por suerte, desde que entré a esa reunión hasta que salí, grabé en audio todo lo que se dijo, de modo que tengo material de apoyo más que suficiente para demostrar lo que afirmo. Tengo también los documentos escritos que el sagrado comité de la Inquisición emitió en su oportunidad, incluyendo los errores de ortografía y de disgrafia, más los disparates conceptuales.
¿Qué le queda a Marta? Pues, simplemente, o baja la cabeza y acepta la humillación ante los fiscales de tránsito o se rebela del modo que crea más conveniente. Yo, por mi parte, no pienso dejar pasar esto. Y tampoco voy a aceptar la responsabilidad o la culpa de haber sido el causante de esta vejación que la han hecho a Marta. Si me culpan de haber tenido dignidad, que es lo que pretenden, entonces todo en este país está perdido, no sólo políticamente, que ya es casi un hecho, sino también académicamente. La podredumbre política se reproduce en esta podredumbre académica. El DLAE está podrido porque el país está podrido.
Pero aquí viene lo más preocupante: ¿dónde está la solidaridad de los compañeros de estudio de Marta? Cuando denuncié esto por primera vez sólo recibí respuestas de solidaridad de unas cinco o seis personas. Del resto, todos han volteado sus miradas hacia otro lado. Algunos, incluso, le han sugerido a Marta que se deslinde de mi posición y que acepte los cambios impuestos por la Santa Inquisición. O sea, le han sugerido que renuncie a su tema de tesis en el cual ella viene trabajando desde hace muchos años, sólo porque los fiscales de tránsito, empeñados en vengarse e incapaces de entender cualquier planteamiento científico, le impusieron esa condición para poder continuar en el mamotreto del DLAE. Lo que ni Marta ni varios de sus compañeros saben es que ellos jamás podrán graduarse de doctores en ese pequeño monstruo burocrático.
Finalmente, ¿saben por qué no hubo total solidaridad ni compañerismo en este caso? Por la misma razón por la que este pobre país está paralizado y en la ruina: EL MIEDO.

4 opiniones en “LA CONCEPCIÓN BUROCRÁTICA Y ESCOLARIZADA DE LA INVESTIGACIÓN Y EL DLAE DE LA UPEL”

  1. Mi estimado, saludos y afectos.
    Por intermedio de una amistad común, recibo el enlace de tu texto, situación de la que no tenía ni la menor idea; pero, como siempre, lo que he llamado las alcabalas cognitivas, han hecho gala de sus trágicos dispositivos, exclusivamente para excitarse, orgasmicamente hablando, en la podredumbre del poder. Justamente, querido amigo, quizás en acto poco comprendido, decidí alejarme de tutorías, jurados y similares, pues, de verdad me cansé de pelear contra cierto “doctoraje” que tienen títulos pero doctores no son.
    Un fuerte abrazo:
    Luis Peñalver B.

    1. No esperaba menos de esa respuesta, mi estimado amigo y colega. En verdad, las veces que trabajamos juntos, siempre me pareció que ese DLAE te daba mala espina. Creo que te imitaré en eso de alejarme de “tutorías, jurados y similares, pues, de verdad me cansé de pelear contra cierto “doctoraje” que tienen títulos pero doctores no son”. Sumamente elocuente lo del “doctoraje”, que me suena a “perraje académico”.

  2. Excelente argumentación. Cuantas verdades acertadas. Es un escenario que se repite en universidades de Venezuela. Son INQUISIDORES y se creen PLUS ULTRAS del conocimiento. Son parte de la INFRAACADÉMIA.

    1. Gracias, amigo, por tu solidaridad en este caso de barbarie académica. Como dices, es el mundo de la “INFRA-ACADEMIA”. No veo término más acertado. Un abrazo.

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