En Padrón, José (1996): Análisis del Discurso e Investigación Social. Temas para Seminario. Caracas: Publicaciones del Decanato de Postgrado, USR, pp. 137-152.
El Análisis de Textos Autobiográficos
INFORMACIÓN BÁSICA
Como se vio en la Tabla 1, los textos autobiográficos se caracterizan, en la instancia pragmática, por un macro-acto típico: mostrar las experiencias de la propia vida. Sin embargo, una pre-definición importante para el analista es el supra-macroacto, es decir, el propósito de la autobiografía dentro del marco situacional, lo cual se puede traducir en preguntas como ¿cuál es el propósito, en este caso, de mostrar las propias experiencias? ¿para qué o en función de qué efectos se hace tal cosa? ¿cuál es el marco situacional en que se inscribe el macroacto típico? Es posible que la autobiografía haya sido solicitada para efectos de admisión en un curso de postgrado o para efectos de difundir valores a través de ‘vidas ejemplares’ (en los ámbitos bien sea religioso, académico, militar o cívico, por ejemplo). La respuesta o el caso de que se trate es tal vez la predefinición más importante para el analista: en efecto, si lo que se plantea es la admisión en un curso, el autor exhibirá patentemente los detalles experienciales que considere más convincentes y tratará de ‘venderse’ por la vía de valoraciones y relatos asociados a las expectativas del curso en cuestión, silenciando los detalles experienciales inconvenientes. Pues bien, la labor del análisis podría ser entonces la de filtrar los datos auténticos desechando la autopromoción poco confiable y detectando la información oculta. En esta labor la máxima ayuda está en el diseño del esquema de x-actos de la autobiografía, atendiendo especialmente a aquéllos orientados a ‘excusar’, ‘culpar a otros’, ‘impresionar’, ‘conmover’, ‘halagar al lector’, etc. y a aquéllos orientados a prescribir y a comparar, los cuales reflejan normas y valores [1]. Luego, el examen de la coherencia en las secuencias y subsecuencias de x-actos podría dar cuenta del grado de autenticidad (las interrupciones o saltos de secuencia podrían hacer sospechar ocultamientos), del equilibrio emocional y de la capacidad lógica del autor, entre otras cosas.
Pasando a una instancia semántica, los macrosignificados o mapas representacionales típicos de las autobiografías se corresponden, virtualmente, con los posibles renglones en que es posible agrupar o clasificar las experiencias de vida: lo sensorial-técnico, lo intelectual-cognitivo y lo afectivo- introspectivo podrían constituir los renglones más generales de una semántica autobiográfica, de modo que el analista podría sopesar esos tres rubros para concluir en un buen diagnóstico global del autor (suponiendo que algunas personas se inclinan más a relatos afectivo-introspectivos, como las “Confesiones” de San Agustín; otras a los relatos intelectual-cognitivos, como la autobiografía de Carnap, y otros a relatos técnico-sensoriales, como las típicas autobiografías de empresarios y seductores). Pero hay renglones o rubros de semántica autobiográfica que resultan más específicos y que se corresponden con ámbitos socio-psicológicos cruzados con ejes cronológicos, tal como se muestra en la Tabla 2, donde las casillas vacías pueden ser llenadas con juicios sintéticos del analista.
Por lo demás, y como se dijo al final de la introducción a este módulo, el diseño de un esquema semántico acoplado al esquema pragmático constituye la vía más sistemática y organizada en esta instancia de análisis, ya que así se establecen las correspondencias del caso entre lo que el autobiógrafo ‘hace’ y lo que ‘dice’.
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Ámbito Þ Tiempo ß |
familia |
educación |
trabajo |
pareja |
recreación |
... Þ |
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infancia |
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adolescencia |
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juventud |
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madurez |
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vejez |
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Tabla 2: La semántica autobiográfica (matriz ejemplo)
La otra vía de análisis semántico, antes mencionada, es la agrupación de adjetivos, nombres, verbos y adverbios en ejes semánticos categorizados por el analista. Esta técnica de ejes categoriales es especialmente adecuada para identificar los marcos epistémicos o presuposicionales del autor: de hecho, los adjetivos remiten a las valoraciones sobre las cosas (calidad, preferencias, características...); los nombres remiten a los tipos de cosas que más han intervenido en las experiencias del hablante (personas, objetos, conceptos...); los verbos remiten a las acciones más fuertemente vinculadas a la vida (por ejemplo: estudiar, trabajar, leer, viajar, amar...) y los adverbios remiten a las modulaciones y modalidades de las acciones (por ejemplo: con energía, quizás, maravillosamente...). Esta técnica, cuando se trata de textos extensos, debe ser realizada con ayuda de un ordenador. Como se dijo antes, consiste en indexar el texto, determinando la lista exhaustiva todas y cada una de las palabras, así como las veces que se repiten. Se eliminan luego las palabras carentes de capacidad semántica (artículos, preposiciones, conectivos, etc.). La lista obtenida por esta reducción se agrupa luego en atención a categorías de significación, tales como familia, trabajo, profesión, pareja, etc. Si, además, estos ejes categoriales se agrupan según los renglones de vida o de semántica autobiográfica (por cada casilla de la Tabla 2), el análisis resulta más rico en información y mejor organizado.
Pasemos ahora a la instancia sintáctica de las autobiografías. Lo esencial aquí es definir primero la estructura global del texto: las secciones, párrafos y encabezados (títulos y subtítulos) pueden tener distinta extensión según el interés que el autobiógrafo atribuya al tema en referencia (referencia que muchas veces puede ir marcada por un subtítulo o por alguna de las primeras oraciones del párrafo). Esta distribución formal del texto también nos remite a las capacidades lógicas del autor y a sus criterios de ordenamiento intelectual.
Por lo común, las personas analíticas y con entrenamiento en escritura dividen el texto en bloques o secciones, identificables por numeración, titulación o encabezamientos. Otro tipo de personas no establecen divisiones, pero organizan el texto según ejes semánticos que pueden estar dados por sucesión cronológica, por contigüidad espacial, por ámbitos socio-psicológicos, etc. Las personas con escaso entrenamiento en escritura o con poca tendencia analítica no establecen ningún tipo de organización sintáctica o semántica, sino que escriben englobándolo todo, a medida que van apareciendo las ideas en su mente. Por supuesto, hay bastantes excepciones (como podría ser el caso de un escritor surrealista o impresionista), pero otros datos del análisis ayudarán a decidir si se trata o no de una excepción.
La sintaxis general normal de las autobiografías es la misma del ensayo descriptivo, con un único lenguaje: el verbal escrito. Cualquier otra sintaxis general diferente, como por ejemplo, el uso de sublenguajes icónicos (imágenes ilustrativas, dibujos, fotos...), gráfico-diagramáticos (cuadros, tablas, juegos de espacios y líneas, diagramas...) debe analizarse como una excepción y el analista debería buscar otros datos textuales que ayudaran a explicar la excepcionalidad de la sintaxis.
Luego de ese examen de la sintaxis global del texto, conviene identificar los mecanismos de enlace o de tránsito entre sección y sección y entre párrafo y párrafo, pues allí también suele haber datos acerca de las capacidades de ordenamiento y acerca de las relaciones entre los valores, las normas y las creencias, relaciones marcadas por los mecanismos de cohesión textual (anáforas, correferencias...).
Finalmente, el análisis sintáctico se centra en las características de las oraciones y frases. Aquí se examinan las estructuras afirmativas (seguridades, creencias positivas...), las negativas (rechazos, rectificaciones y precisiones...), las interrogativas (dudas, introducciones temáticas...), así como las estructuras verbales de obligación (tener que, haber que...), de opinión (creer que, parecerle a uno que, estimar que...), de valoración (gustar, preferir, elegir...), de creencia (saber que, estar seguro o convencido de que, descubrir que...), etc. y las estructuras de comparación (mayor o mejor que, valer más que...). Los giros direccionales también revelan datos importantes, sobre todo en materia de actitudes y roles, tanto aquéllos que refieren al autor como aquéllos que refieren al destinatario. En la dirección del autor, conviene fijarse en giros tales como el llamado “plural mayestático” (sustitución del “yo” por el “nosotros”) y la forma impersonal (sustitución del “yo” y del “él” o “ellos” por el “se”). En la dirección del destinatario, podría haber giros centrados en el singular (tú/Usted) o en el plural (“ustedes”). Pero, aunque no existan elementos lingüísticos que expresamente refieran a un destinatario, siempre es posible, valiéndose de ésta y de las anteriores instancias de análisis, detectar cuál es la imagen que tiene el autor de sus destinatarios. La morfología de las palabras también puede resultar reveladora, especialmente por la eventual presencia de aumentativos, diminutivos, etc.
El análisis físico no tiene mayor interés en la investigación social, salvo por el hecho de que la presentación, calidad y legibilidad del texto remiten a actitudes y hábitos (casi exactamente igual al caso del vestido y la presentación personal). El uso de tecnologías de medios podría ser importante por el hecho de que entre el uso del lápiz y el bolígrafo y el dominio de actualizados procesadores de texto y técnicas de impresión, pasando por los distintos tipos de máquinas de escribir, también remiten, cuando no a actitudes, al menos al grado de adaptación del autor al surgimiento tecnológico (aun cuando el autor del texto y el usuario de la tecnología del texto no sean el mismo).
EJEMPLOS DE APLICACIÓN
El ejemplo que proponemos a continuación no intenta ser exhaustivo ni completo, sino que se limita a lo esencial, no sólo por razones de espacio y brevedad, sino también por razones didácticas, bajo la intención de ofrecer al lector una oportunidad de ampliar el análisis bajo las pautas esquemáticas ofrecidas en la “Información Básica”. El texto bajo análisis es un fragmento de la autobiografía de Karl Popper (Popper, 1977, pp 15-19).
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La atmósfera en que crecí era decididamente libresca. Mi padre, el Dr. Simon Siegmund Carl Popper, era, al igual que sus hermanos, doctor en Derecho por la Universidad de Viena. Tenía una extensa biblioteca y había libros por doquier -con excepción del comedor, en donde había un gran piano de concierto Bösendorfer y numerosos volúmenes de Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Scbubert y Brahms. Mi padre, que tenía la misma edad que Sigmund Freud -cuyas obras poseía y había leído al tiempo de su publicación-, era abogado y procurador. Respecto a mi madre, Jenny Popper, née Schiff, diré más de ella cuando hable sobre música. Mi padre era un consumado orador. Oí sus alegatos en una causa solamente una vez, en l924 ó 1925, cuando yo mismo era el demandante. EI caso era, en mi opinión, bastante claro. Por ello no pedí a mi padre que me defendiese y me sentí turbado cuando él insistió. Pero la absoluta simplicidad, claridad y sinceridad de su discurso me impresionaron sobremanera. Mi padre trabajaba arduamente en su profesión. Había sido amigo y compañero del último Burgomaestre liberal de Viena, el Dr. Carl Grübl, y se había hecho cargo de su despacho de abogado. Este despacho formaba parte del amplio apartamento en el que vivíamos, en el mismo corazón de Viena, frente a la puerta central de la catedral (Stephanskirche). Trabajaba durante largas horas en este despacho, pero en realidad era más un erudito que un abogado. Le fascinaba la historia (la parte histórica de su biblioteca era considerable) y estaba especialmente interesado por el periodo helenístico y por los siglos XVIII y XIX. Escribió poesía y tradujo al alemán versos latinos y griegos. (Muy raramente hablaba él de estas materias. Fue un puro accidente que yo encontrase un día algunas inspiradas traducciones en verso de Horacio. Sus dotes especiales eran suave tacto y un acentuado sentido del humor.) Tenía gran interés por la filosofía. Todavía poseo sus volúmenes de Platón, Bacon, Descartes, Spinoza, Locke, Kant, Schopenhauer y Eduard von Hartmann; las obras completas de J. S. Mill, en una traducción alemana editada por Theodor Gomperz (cuyos Pensadores griegos él valoraba en alto grado); la mayor parte de las obras de Kierkegaard, Nietzsche y Eucken, y las de Ernst Mach; la Crítica del lenguaje, de Fritz Mauthner, y Geschlecht und Charakter, de Otto Weininger (obras ambas que parecen haber ejercido cierta influencia sobre Wittgenstein); y traducciones de la mayoría de los libros de Darwin. (En su estudio colgaban retratos de Darwin y Schopenhauer.) Tenía, por supuesto, los autores consagrados de la literatura alemana, francesa, inglesa, rusa y escandinava. Pero uno de sus principales intereses eran los problemas sociales. No sólo poseía las obras más importantes de Marx y Engels, de Lasalle, Karl Kautsky y Eduard Bernstein, sino también las de los críticos de Marx: Böhm-Bawek, Carl Menger, Anton Menger, P. A. Kropotkin y Josef Popper-Lynkeus (un pariente lejano, al parecer, puesto que había nacido en Kolin, la pequeña ciudad de donde venía mi abuelo paterno). La biblioteca contaba también con una sección pacifista, con libros de Bertha von Suttner, Friedrich Wilhelm Förster y Norman Angell. Así, los libros formaron parte de mi vida mucho antes de que pudiese leerlos. El primer libro que causó en mí una impresión grande y duradera nos lo leyó mi madre a mis dos hermanas y a mí poco antes de que yo aprendiese a leer. (Yo era el más joven de los tres hijos.) Se trataba de un libro para niños de la gran escritora sueca Selma Lagerlöf, en una bella traducción alemana (Wunderbare Reise des kleinen Nils Holgersson mit den Wildgänsen; la traducción inglesa lleva por título The Wonderful Adventures of Nils.) Durante mucho, mucho tiempo he venido releyendo este libro una vez por año al menos; y en el curso de mi vida he leído probablemente toda la obra de Selma Lagerlöf más de una vez. No me gusta su primera novela, Gösta Berling, aunque, por supuesto, es muy notable. Pero cualquier otro de sus libros continúa siendo para mí una obra maestra. Aprender a leer y, en grado menor, a escribir son, sin duda, los mayores acontecimientos en el desarrollo intelectual de una persona. No hay nada que pueda comparárseles, puesto que muy pocos (Helen Keller es la gran excepción) pueden recordar lo que significó para ellos aprender a hablar. Estaré por siempre agradecido a mi primera profesora, Emma Goldberger, que me enseñó a leer, a escribir, y las reglas de la aritmética. Estas tres cosas son, creo, lo único esencial que hay que enseñar a un niño; y algunos de ellos ni siquiera necesitan que se las enseñen para aprenderlas. Todo lo demás es cuestión de atmósfera y de continuar el aprendizaje a medida que se va leyendo y pensando. Aparte de mis padres, mi primera profesora, y Selma Lagerlöf, la mayor influencia en mi primer desarrollo intelectual creo que fue ejercida por mi querido amigo Arthur Arndt, un pariente de Ernst Moritz von Arndt, que había sido uno de los famosos padres fundadores del nacionalismo alemán en el periodo de las guerras napoleónicas. Arthur Arndt era un ardiente antinacionalista. Aunque descendiente de alemanes, había nacido en Moscú, donde también pasó su juventud. Era unos veinte años mayor que yo -la primera vez que lo vi, en 1912, tenía casi treinta. Había estudiado ingeniería en la Universidad de Riga y había sido uno de los líderes estudiantiles durante la abortada revolución rusa en 1905. Era socialista y al mismo tiempo un enérgico oponente de los bolcheviques, algunos de cuyos líderes conoció personalmente en 1905. Los describía como los Jesuitas del socialismo, esto es, capaces de sacrificar, incluso a sabiendas, a hombres inocentes, porque los grandes fines justificaban todos los medios. Arndt no era un marxista convencido, pero pensaba que Marx había sido el más importante teórico del socialismo habido hasta entonces. Me halló muy predispuesto a escuchar ideas socialistas, pues nada, pensaba yo, podría ser más importante que acabar con la pobreza. Arndt se encontraba también profundamente interesado (mucho más de lo que lo estaba mi padre) por el movimiento iniciado por los discípulos de Ernst Mach y de Wilhem Ostwald, una sociedad cuyos miembros se autodenominaban “Los Monistas”. (Había cierta relación con la famosa revista americana, The Monist, de la que Mach era colaborador.) Les interesaba la ciencia, la epistemología, y lo que hoy se llamaría la filosofía de la ciencia. Entre los Monistas de Viena, el “semi-socialista” Popper-Lynkeus contaba con un considerable número de seguidores, uno de los cuales era Otto Neurath. El primer libro que leí sobre socialismo (probablemente bajo la influencia de mi amigo Arndt -mi padre se resistía a influir sobre mí) fue Looking Backward, de Edward Bellamy. Debí leerlo hacia los doce años, y me causó una gran impresión. Arndt solía llevarme, en excursiones dominicales organizadas por los Monistas, a los Bosques de Viena, y en esas ocasiones disertaba y discutía sobre marxismo y darwinismo. Sin duda, gran parte de lo que decía excedía mi capacidad; pero no por eso dejaba de ser interesante y excitante. Una de aquellas excursiones organizadas por los Monistas fue el 28 de junio de l914. Hacia el atardecer, al aproximarnos a los arrabales de Viena, oímos decir que el Archiduque Francisco Fernando, heredero forzoso de Austria, había sido asesinado en Sarajevo. Aproximadamente una semana después de esto nos llevó mi madre, a mí y a mis dos hermanas, a pasar las vacaciones de verano en Alt-Aussee, un pueblecito no lejos de Salzburgo. Y allí, en mi duodécimo aniversario, recibí una carta de mi padre, en la que decía que lamentaba no poder venir para mi cumpleaños, como hubiese querido, “porque, desgraciadamente, hay guerra” (“denn es ist leider Krieg”). Puesto que esta carta llegó en el mismo día de la real declaración de guerra entre Austria-Hungría y Servia, parece que mi padre se había percatado de que ésta era inminente. |
Análisis Pragmático
Como predefinición básica de análisis, hay que considerar el especial marco situacional en que se ubica el anterior fragmento autobiográfico: el autor es un intelectual célebre por sus aportes en el ámbito de la filosofía de la ciencia y, por tanto, llega a ser sumamente cotizado por editores y libreros del ramo académico. Por otra parte, filósofos, científicos, universitarios, humanistas y académicos en general revelan siempre gran interés no sólo en las ideas de los pensadores destacados sino también en su vida personal. El marco situacional puede entonces definirse como aquel típico cuadro de relaciones sociales en que se entrecruzan los intereses del público académico con los intereses de los difusores profesionales de información especializada (que, en general, viene a formar parte de la intersección entre contexto comercial y contexto académico).
Ahora bien, dentro de ese marco situacional, otra predefinición del análisis es el supra-macroacto: para qué informar sobre las propias experiencias o qué acto genérico está cumpliendo el autor. Sabemos, por otras fuentes e incluso por esa misma autobiografía, que el autor tuvo una fuerte motivación a luchar por sus propias ideas, tanto en el terreno epistemológico como en el terreno sociopolítico, lo cual nos permite suponer que, a través del relato de sus propias experiencias de vida, pretendió una vez más divulgar o consolidar sus posiciones, fundamentándolas esta vez en hechos y circunstancias biográficas. De hecho, en la lectura del texto autobiográfico completo (del cual éste es sólo un fragmento, como ya se dijo) se advierte que los relatos experienciales van estrechamente asociados a sus ideas y posiciones.
Las predefiniciones anteriores son suficientes para interpretar el resto de los datos de análisis y, desde ya, explican por qué a lo largo del texto hay tan pocas referencias a la vida íntima, tan pocos mecanismos emocionales y tan escasas alusiones a aquel tipo de hechos que, siendo banales o frívolos, resultan interesantes desde la óptica de la curiosidad de un lector promedio.
La estructura pragmática que diseñamos a continuación llega sólo a un nivel intermedio de generalidad (nivel de meso-actos). El lector podrá añadir niveles más específicos a partir de éstos o reajustar todo en un nuevo esquema. El esquema formal es el siguiente, que luego es desarrollado en el Diagrama 2:
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[ACTO]0 ® [ACTO]01 + [ACTO]02 [ACTO]01 ® [ACTO]011 + [ACTO]012 + [ACTO]013 [ACTO]02 ® [ACTO]021 + [ACTO]022 + [ACTO]023 + [ACTO]024 |
A continuación puede verse este mismo esquema formal, pero diagramado:

Diagrama 2: Estructura pragmática del fragmento autobiográfico
Yendo ahora al examen de los actos más frecuentes del texto, hay algo muy curioso, que vale la pena destacar: bajo el macro-acto que podríamos sintetizar con el verbo ‘autobiografiar’ (i. e.: relatar las propias experiencias), la mayoría de los meso-actos consisten en ‘biografiar’ (i. e.: relatar las experiencias de otro). Es como si rehuyera hablar de sí mismo para hablar de otros o, de otro modo, como si hablara de sí mismo indirectamente, utilizando las coincidencias y semejanzas con otros o como si quisiera explicar sus propias actitudes mediante el influjo de las actitudes de otros. Obsérvese que de los 7 meso-actos del esquema, 4 consisten en ‘biografiar’ (actos 011, 021, 022, 023), sin tomar en cuenta muchos micro-actos (que no aparecen en el esquema y que esperamos que el lector formule) en que ocurre lo mismo: véanse, por ejemplo, las referencias a Selma Kagerlöf, Helen Keller, Emma Goldberger, Ernst Mach, etc. Más datos que refuerzan esto aparecen en el análisis sintáctico (ver más adelante).
Aparte de esta evidente insistencia del autor en supeditar el acto de ‘autobiografiar’ al acto de ‘biografiar’, hay otro acto que se advierte con la misma fuerza: el de ‘valorar’, que está referido en los actos 013, 021, 023 y 024. El autor se orienta decididamente a formular preferencias (aceptaciones y rechazos, admiraciones y desprecios). Así, por ejemplo, admira la intelectualidad de su padre y la militancia e intelectualidad de su amigo Arndt, pero rechaza, a través de un acto biográfico, la ética de los bolcheviques, los jesuitas, etc. Acepta la preponderancia máxima de luchar contra la pobreza, la importancia de la lectura y escritura, etc. Desprecia los hechos militaristas y nacionalistas, valora el trabajo de filósofos y literatos, etc. Esto ocurre no sólo en el plano de los meso-actos ya citados, sino también a nivel de bastantes micro-actos (véase, por ejemplo, el caso frases como “no me gustó su primera novela... pero cualquier otro de sus libros sigue siendo para mí una obra maestra” o también: “estaré por siempre agradecido a mi primera profesora...” o también “la absoluta simplicidad, claridad y sinceridad de su discurso me impresionaron sobremanera”, etc.). En mucho menor frecuencia aparece el acto de ‘sensibilizar’. Aparece sólo una vez, pero por tratarse del final del fragmento y del acto de cierre, reviste capital importancia.
Con todo este análisis tenemos bastante clara la acción del autor en esta autobiografía. Si quisiéramos sintetizarla, debemos ir a la estructura profunda de la acción e invertir los términos aparentes del texto: la acción más importante del autor, en realidad no es la de biografiar ni autobiografiar. Se vale de esos actos para, en el fondo, sentar y difundir dos valores humanos esenciales: la intelectualidad (a través de la lectura, los libros, los autores, la epistemología, etc.) y la cultura sociopolítica (a través del socialismo, el pacifismo, el antimilitarismo, el antinacionalismo). Una vez más parece allí manifestarse la acción global de la intelectualidad integral.
Todos estos datos quedarán reforzados mediante un análisis semántico y sintáctico, además de otros datos distintos que caen dentro de la capacidad específica de esas dos instancias de análisis, como veremos en seguida.
Análisis Semántico
Un primer acercamiento genérico es acoplar los significados [SIG]x del texto al esquema anterior de actos, señalado en la estructura pragmática parcial (como se mostró en el Diagrama 2). El diseño semántico según este primer acercamiento se muestra en el Diagrama 3.

Diagrama 3: Estructura semántica autobiográfica
Un segundo acercamiento es el de la semántica autobiográfica según los tres rubros generales de sensorialidad, intelectualidad y afectividad (ver la “Información Básica”, arriba). La mayor carga semántica la tiene el segundo de esos aspectos, al cual corresponde la mayor cantidad de palabras del texto.
Seleccionando todos los sustantivos y verbos del texto (excluyendo los nombres propios[2]), hay un total de 50 palabras referidas a la categoría ‘intelectualidad’, de un total de 255 (casi un 20%), de las cuales las más repetidas son las relacionadas con estudio o estudiar y con leer o lectura. Luego sigue la categoría ‘afectividad’, con una frecuencia aproximada de 9% del total de sustantivos y verbos. La categoría más baja es la ‘sensorialidad’, que no pasa de un 5%.
Un tercer acercamiento es la misma matriz de semántica autobiográfica, también en combinación con el análisis de ejes categoriales, antes explicado, pero esta vez sobre la base de rubros más específicos de tipos de vivencias o de ámbitos experienciales (ver Tabla Nº 2),. El eje de tiempo usado en el fragmento va desde la infancia temprana hasta la niñez (“allí, en mi duodécimo aniversario, recibí una carta de mi padre”).
Luego, en el nivel de los ámbitos experienciales, la mayor cantidad de verbos, adjetivos y sustantivos está en los ámbitos de la educación y de las experiencias sociopolíticas, seguido decrecientemente por los ámbitos familiar, de trabajo y recreacional. Otros ámbitos (como el de pareja, por ejemplo) aparecen desiertos. La Tabla 3 pretende ilustrar esta relación con algunas muestras proporcionales de verbos, adjetivos y sustantivos, colocados en las casillas.
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VIVENCIA EDUCATIVA |
VIVENCIA SOCIO-POLITICA |
VIVENCIA FAMILIAR |
VIVENCIA LABORAL |
VIVENCIA RECREATIVA |
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NIÑEZ |
Aprender, Discípulos, Leí, Leído, Leer, Leerlo, Leerlos, Leyó, Leyendo, Universidad, Profesora, Maestra... |
Socialismo, Pacifismo, Bolcheviques, Antinacionalismo, Guerra... |
Padre, Madre, Abuelo, Hermano, Hijo... |
Abogado, Procurador, ingeniería, Profesión... |
Vacaciones, excursiones |
Tabla 3: matriz de semántica autobiográfica parcial (aplicación de la Tabla 2)
El análisis sintáctico
La sintaxis global debería ser examinada sobre el texto autobiográfico completo. Dado que éste es apenas un fragmento, no es posible mostrar aquí la manera en que se organiza todo el discurso desde el punto de vista formal.
Nótese, sin embargo, cómo el fragmento, considerado aisladamente, obedece a una estructuración en párrafos que permanece fiel al esquema semántico y que evoluciona en una trayectoria marcada por la cronología experiencial del autor. Por lo demás, es una muestra típica del ensayo descriptivo, ubicada en la norma de las autobiografías.
El enlace entre párrafos viene dado por correferencias sucesivas (de carácter semántico), que aparecen señaladas en el siguiente esquema, donde las palabras subrayadas funcionan como antecedentes y consecuentes de uno a otro párrafo:

Un detalle sintáctico importante está en las estructuras comparativas, que van asociadas a valores, normas y creencias. Las más resaltantes están en el párrafo cuarto:
- “Aprender a leer y, en menor grado, a escribir son los mayores acontecimientos...”
- “Nada podría ser más importante que acabar con la pobreza”
[1] Para el reconocimiento de estos actos de habla son importantes, a nivel sintáctico, ciertas estructuras verbales tales como “haber que j”, “deber j” (“hay que castigar a los corruptos”, “debe cuidarse la buena presentación”, etc.) y las estructuras sintácticas comparativas del tipo “p > q” o “p es preferible a q” (tales como “más vale prevenir que lamentar”, “mejor malo conocido que bueno por conocer”...). Como puede observarse, la división entre instancias (pragmática, semántica...) sólo tiene función analítica, porque en la práctica hay que transitar una y otra vez entre ellas: lo datos pragmáticos se complementan con los sintácticos, éstos con los semánticos, y así, recurrentemente en todas las direcciones.
[2] Por cierto, la enorme abundancia de nombres propios de personas en el texto refuerza el dato pragmático antes mencionado, según el cual el acto de ‘biografiar’ es una de las estrategias discursivas más notorias.
REFERENCIAS
Bernárdez, E (1982): Introducción a la Lingüística del Texto. Madrid: Espasa-Calpe.
Blanchet, A. (1989): "Entrevistar", en Blanchet et al.: Técnicas de Investigación en Ciencias Sociales. Madrid; Narcea. 87-129
Grice, H. (1975): "Logic and Conversation", en Cole & Morgan (comps): Syntax and Semantics, 3; Speech Acts. New York-London; Academic Press. 41-58.
Hernández, A. (1994): Interacción y Rendimiento en Contextos de Adultez. Tesis de Maestría. Caracas; USR.
Hurtado, M. (1993): Comunicación Pública e Ideología. Tesis de Grado. Caracas: UCV
Padrón, J. (1992): Aspectos Diferenciales de la Investigación Educativa. Caracas; USR.
Pérez Tornero, J. M. (1982): La Semiótica de la Publicidad. Barcelona: Ed. Mitre.
Pizarro, N. (1988): "Redes Sociales", en Reyes, R.; Terminología Científico-Social. Barcelona; Anthropos. 834-837.
Popper, K. (1977): Búsqueda Sin Término. Madrid: Tecnos. Pp 15-19